Salud y vien estar como cuidarse para tener una mejor vida
Salud y vienestar
Descansar sin la sensación de que se debería estar haciendo algo mejor, el consejo para disfrutar más del fin de semana
El jueves a la tarde cambia algo en el ambiente. Los grupos de WhatsApp se llenan de planes, escapadas y propuestas de brunch. El viernes deja de sentirse como un día laboral y empieza a funcionar como la antesala de otra vida, supuestamente mejor. Y el domingo, demasiado pronto siempre, aparece esa combinación extraña de ansiedad, cansancio y la sensación de que el fin de semana, otra vez, no alcanzó. A ese fenómeno los especialistas lo llaman weekendismo. El término no es nuevo: lo usó por primera vez en 1963 el antropólogo Theron Núñez para describir el turismo de fin de semana de las clases urbanas hacia pueblos cercanos. Pero la versión actual tiene una dimensión mucho más profunda: ya no se trata solo de viajar los sábados y domingos, sino de convertir todo el tiempo libre en un espacio de rendimiento emocional, social y simbólico. El descanso dejó de ser una pausa y se volvió un proyecto.
Cuando descansar también es una tarea
El sociólogo alemán Hartmut Rosa lleva años estudiando cómo la aceleración se transformó en una de las lógicas centrales de la vida contemporánea: la sensación constante de no llegar a tiempo a nada, aun haciendo todo lo posible por aprovechar cada minuto. Esa lógica, según su análisis, ya no afecta solo a la jornada laboral, sino que también organiza el descanso. En apenas 48 horas, mucha gente intenta recuperar sueño, vida social, bienestar físico, cultura y autocuidado, todo junto: hacer ejercicio, ver amigos, probar un restaurante nuevo, escaparse a otra ciudad, leer o simplemente desconectar. La paradoja es evidente: el ocio empieza a parecerse cada vez más al trabajo. Hay personas agotadas no solo por trabajar demasiado durante la semana, sino por intentar tener un fin de semana a la altura de lo que ven en redes sociales.
El bienestar convertido en una vidriera
El filósofo surcoreano Byung-Chul Han, en su libro La sociedad del cansancio, plantea que pasamos de una sociedad que imponía límites desde afuera a una sociedad del rendimiento, donde cada persona se siente impulsada constantemente a optimizarse desde dentro. Esa lógica abarca el cuerpo, las relaciones, el descanso y también el ocio. El crecimiento de la llamada economía del bienestar es un buen termómetro de esa transformación: según el Global Wellness Institute, ese mercado a nivel mundial superó los seis billones de dólares en 2023. Clubes de running, pilates, mindfulness o entrenamientos de alta intensidad funcionan cada vez más no solo como prácticas saludables, sino como símbolos de disciplina y estatus. El bienestar deja de ser solamente bienestar y se convierte también en una forma de identidad.